miércoles, 26 de diciembre de 2018

TONTA SOLEMNE

 


TONTA SOLEMNE
 


    Nada, súper cortirrinino porque a pesar de ser hoy domingo, tengo algunas lavadoras que poner, cositas que corregir y mil regalos por envolver; pero es que si no lo digo reviento.

Que esta semana la Mala Rodríguez nos ha descubierto la receta de la pólvora poniéndonos en la pista de que “la apropiación cultural existe”. Y además aclara que no tiene en nada en contra de Rosalía. Pues menos mal.

Vaya por delante que yo no soy ni de la una ni de la otra, que lo mío es más el Rock español de toda la vida, pero me indigna la mezquindad.

Que la apropiación cultural existe, pues claro que sí, guapis; igual que existe la cultura. De hecho la cultura existe, precisamente, porque existe la apropiación cultural; porque nada nuevo hay bajo el sol desde que el mundo es el mundo, de verdad, chica malota. En música o en literatura, en pintura o matemática, nadie inventa nada nuevo. Se trata de tomar lo que dejaron quienes nos precedieron y de volver a contarlo a nuestra manera, o a refutarlo, o a fusionarlo con influencias que también tomamos de mano tercera y que tampoco son nuestras. ¿O acaso tú inventaste el rap?

No hubiera existido el impresionismo sin Goya, ni hubiera existido Goya sin que antes Velázquez hubiese ostentado tan asilvestrada pincelada, ni Velázquez hubiese llegado a caballero de no haberle puesto Tintoretto al tanto de algunas cuestiones cromáticas en la generación anterior, y así ad infinitum.

Tus torpes declaraciones te retratan como la mujer envidiosa y endiosada que eres, y están a la misma altura de cualquier otra advertencia lanzada sotto voce en algún patio carcelario; pero vamos, que nadie se lo tome a mal, que yo soy más de Rosendo que de Rosalía.

Lo único que tengo en contra de esta chica es su dilatadísima y soberana estupidez. Más allá de eso, a mí este modelito en concreto me parece lo más de lo más. Te lo copio para Nochevieja.


 
 



 




sábado, 15 de diciembre de 2018

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE

 


HASTA LA VICTORIA SIEMPRE
 
 

La magia de este nuevo foro tecnológico, ayer aceptó mi amistad Servando Sarmentero. Estudió en ISA, Universidad de las Artes. Es de La Habana y vive en La Habana. Le siguen 109 personas. Y no se llama Servando ni se apellida Sarmentero, en realidad tiene un nombre algo menos literario pero mucho más bonito.
Servando no es guapo ni feo, no está fuerte ni delgado, Servando más bien parece un muchacho del montón; pero Servando tiene la única cualidad que puede a mí enamorarme de un chico: Servando es un superviviente.
Son las cuatro de la madrugada aquí en España, hasta y media no empiezo la segunda ronda de cambio de pañal. Y en Cuba están a punto de meterse ya en la cama, pero Servando te está saludando, saluda a tu nueva amistad. Y empezamos a hablar por Messenger.
Después de contar lo propio pasamos a lo general, y le felicito. El anteproyecto de ley para la reforma de la Constitución fue aprobado en julio de este año. El texto definitivo —a falta de las aportaciones que la comisión constitucional encabezada por Raúl Castro decida incorporar al borrador— será sometido a refrendo popular en el mes de febrero del año que viene.
Y Servando me agradece la felicitación, pero le da un poquito la risa:
«¿Ahora van a darnos permiso para templar? Mira, aquí siempre hemos templado bien rico y bien frecuente todos los pájaros y bugarrones de esta santa isla; todos menos el mariconsón de Fidel, así le ensarten duro todos los peores demonios que se encuentre en el infierno, y la muy loca regia de su hermana, que siempre han sido las dos locazas más grandes que ha habido nunca en toda Cuba».
«Los afines al régimen incluso niegan que haya habido en Cuba campos de trabajo forzado para homosexuales»
«Claro, y aquí tampoco nadie ha tirado a nadie desde un helicóptero. Lo niegan porque todas las dictaduras son grandes amantes de los juegos de semántica. Lo niegan porque ellos los llamaron Unidades Militares de Ayuda a la Producción, y porque no fueron exclusivos de homosexuales. Que le pregunten a Pablo Milanés. Allí entraba de todo aparte de maricones, intelectuales y gente de la cultura, disidentes de cualquier orden, allí todo el mundo cortó caña».
«Entonces, ¿no estás contento?»
«¿Estoy contento? Pues la verdad… Me mortifica que la dichosa reforma la vaya a firmar la locaza de Raúl Castro».
Y hasta ahí. Son las cuatro y media de la madrugada en España y yo empiezo una nueva ronda de cambio de pañal.
¿Imaginan un país donde estuviera prohibido el quererse? Pues no hace falta imaginar:
Mauritania, Irán, Iraq, Sudán, Arabia Saudí, Yemen, Afganistán, Pakistán y 66 países más han sido amigos de Cuba.
Pero Cuba está a punto de hacerse amiga de España, Holanda, Bélgica, Canadá, Nueva Zelanda y 20 países más. Saluda a tu nueva amistad.
 
 


miércoles, 12 de diciembre de 2018

ZUTANÍTEZ POR EJEMPLO

 


ZUTANÍTEZ POR EJEMPLO
 
 

Llevo poquirritísimo en Facebook, apenas llevo ni un mes; pero es tiempo más que de sobra para haberme dado cuenta de lo absurda que es esta herramienta, y de la maravillosa herramienta que es.
¿Recuerdan aquello de ‘Mira, mamá, ¡sin manos!’…? Pues ya lo ven, son legión.
Sorprendido del poquito contenido y sorprendido, aunque no tanto, de cómo el pensamiento único ya se ha empezado a comercializar en forma de cálidos edredones, prodigiosas bata-mantas y calcetines con adherencia para interior. Guapamente.
Y a pesar de todo esto —aunque supongo que también será algo que se me terminará pasando—, aún estoy viviendo en la nube de comprobar cómo la magia de un algoritmo nos puede ir poniendo en contacto con peña maravillosa que no podíamos dejar de conocer, amén de peña maravillosa o no tanto a la que hace mucho habíamos ya enterrado en el backyard. (No lo hacemos por malicia, tú lo sabes, lo hacemos porque estamos vivos y porque salimos a dos pies por cabeza la mayoría).
Y eso, pues que me llega la solicitud de amistad de Zutanítez. ¿Diez años? ¿Quince años? ¿Veinte? La hostia. Pero, ¡wow! Zutanítez está igual, y la foto tiene pinta de ser reciente. Por supuesto que le acepto —se puede decir que en un tiempo fuimos casi que familia— y seguidamente iniciamos una breve puesta al día en el Messenger.
Me cuenta que ya está felizmente jubilado, gozosamente divorciado, y que se lo pasa pipa en el Face; y yo sé que de las tres cosas, solo es cierta la tercera. Pasa después a relatarme las muchísimas victorias de su pródiga progenie, y recibe mi enhorabuena. No me pregunta sin embargo ni por mí ni por mis padres, pero yo por esas cosas ya no me molesto. Yo ahora ya con estos años comienzo a relativizar que da gusto.
Y ya está, nos despedimos. Que estaremos en contacto y que qué bien el reencontrarnos y todas esas mierdas que se dicen por decir. Y ahora viene el batacazo:
Después de despedirme de él me pongo a fisgonearle el muro con lupa, porque para eso estoy Facebook; y me empleé bien a fondo, lo juro. Le estalkeé hasta los bajos, señores, de verdad. Levanté alfombras, corrí los muebles, bajé al desván, incluso llegué a inspeccionar algún baldosín un poco suelto que me encontré en la cocina, y, ¿qué me encuentro…? NADA.
Resulta que Zutanítez se ha vuelto más básico que un terno de Zara en azul marino.
¿Saben esa sensación de absoluto desamparo cuando regresan a algún añorado lugar de su infancia y descubren que todo lo habían idealizado y que el sitio en sí es una tremenda porquería y siempre lo fue? Pues así.
Reviso todos y cada uno de sus estados y vamos de mal en peor. Zutanítez no lee el periódico, ni está al cabo de la calle, ni le interesa una insigne mierda ninguno de sus semejantes. Zutanítez disfruta de su jubilación en una suerte de feliz deriva intelectual.
A ver, que no es por hacer sangre, es solo por ofrecerles algunos ejemplos:
Febrero de 2017:
—Niño, sal del coche y mira si funciona el intermitente.
—Ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no…
Abril 2015:
Fotografía de un husky siberiano practicándole un cunnilingus a una obesa ejemplar de pekinés con las patas bien abiertas y panza arriba. (Zutanítez lo titula: ‘Vamos a llevarnos bien’)
Julio del 14:
Maravilloso meme culinario en dos tiempos: Tiempo uno: Demi Lovato. Tiempo dos: Demi Lomezclo.
Curiosamente, el mes anterior está dedicado en exclusiva a las prosopopeyas animadas de animalitos domésticos reales haciendo cosas realmente repugnantes como poner una lavadora o cortar el césped, pero en la primavera de ese mismo año, volvemos a encontrar perlitas como esta:
Abril de 2014:
—Odio ser bipolar.
—¿Por qué?
—Porque es genial.
Y no vayan a pensar que Zutanítez procrastina, porque no. Zutanítez viene a publicar de quince a treinta estados diarios, y a todos les pone su propio like.
Me quedo un rato observando la que él ha elegido como foto de su perfil. Imagino que fue uno de los días más felices de su vida. Aparece trajeado y sonriente, sosteniendo el galardón con las dos manos. No sé bien en qué año fue; todos sus compañeros periodistas reconocían su labor estando él ya con el retiro en ciernes. No diré el premio por no dar pistas, pero el acto se suele reseñar anualmente en los informativos de la pública.
¿Qué ha pasado entonces? ¿Cuándo exactamente se desató esta tragedia? ¿Acaso este señorín siempre ha sido así y yo no me daba cuenta? Zutanítez era un hombre en la cumbre de su carrera cuando yo era solo un niño. Ahora que soy un hombre, Zutanítez va para anciano, pero ni siquiera ha cumplido aún los setenta, por lo que podemos descartar las demencias degenerativas. ¿Será él o seré yo quien ha cambiado?
Decido dejar de seguirle cuando llego al mes de marzo, sin salir de 2014. Este meme va en tres tiempos. En el primero, una niña con chupete. En el segundo, una niña más mayor, disfrutando de un calipo. En el tercero, una niña ya mayor del todo en una actitud que sugiere que el chupete se ha vuelto cárnico. Zutanítez lo titulaba ‘Evolución en la mujer’.
Me van a matar. No sé qué coño me dio. Yo soy débil, soy muy débil; me dio muchísima pena ¿vale? Sé que no debería haberlo hecho, joder; pero me lo imaginé solito, en una casa llena de mierda, matándose a pajas todo puto el día entero y partiéndose la caja con esos chistes durante los interludios entre eyaculación y eyaculación mientras la senectud no deja de aporrearle la puerta, todas las mañanas, «¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!» insistente, la muy zorra, y totalmente segura de su victoria final…
Se me fue el dedo, no sé…, y le puse un like al meme de la evolución.
Zutanítez seguía conectado, y no tardando dos segundos después de mi like, hizo algo que me dio aún más pena todavía. El like, me lo comentó:
«Eres un cachondo mental. Fuerte abrazo».
 
                             
                                                                                 

 


 


lunes, 10 de diciembre de 2018

ZAS, EN TODA LA BOCA

 


ZAS, EN TODA LA BOCA
 
 
 
Él no es santo de mi devoción, ella lo es mucho menos; y esto que les traigo hoy, no está para nada fresco. Y miren que lo siento. En realidad, apesta a podrido que tumba para atrás. Apesta a podrido, a rancio, a casposo, a palurdez y a bajeza, y apesta por sobre todo, a Atresmedia.
No es fresco, como les digo. La entrevista es de 2016, lo que hoy por hoy vendría a significar el Pleistoceno Calabriense más o menos. ¿Por qué motivo es que entonces (se preguntarán ustedes, y se lo preguntarán con razón) decide este chico sacar semejante inmundicia del cubo de la basura televisiva?
Pues porque el otro día me vino una amiga a cenar. ¿En tu casa o en la mía? Pues al final fue en la mía. Y yo no cociné una mierda, nos cenamos una pizza y nos bajamos entre los dos una botella guarripei de Berberana. El caso es que en un momento de la conversación tras la cena, mi amiga me hizo esa misma pregunta:
«¿Eres pasivo?»
(Inserten ustedes aquí uno o dos estepicursores rodando por el salón de mi casa).
La pregunta me dejó de nabo porque, a ver, a uno es que le duele el alma con estas cosas. Siempre me ha dolido, aunque de momento me callado. Pero resulta que ahora vivimos en una época de prurito generalizado. Yo antes me echaba una crema con corticoesteroides y olvídate, maricón. Pero puesto que hoy por hoy, hasta el más indio (entiéndase en la acepción de ‘gamberro’, Dios me libre de ultrajar sensibilidades) hasta el más indio, como digo, se ‘inrita’ y se solivianta a la mínima de nada, pues supongo que uno también está en su derecho de sumarse al cacareo general y cagarme un poquito en san Timorato (patrón de las/los/les bocachanclas).
Así pues, recapitulemos un poco. ¿Conocen ustedes a Bertín? Exacto, el cuñado de España. Bueno, pues hace ya algunos años, a Bertín se le ocurrió hacer exactamente lo que yo he hecho con mi amiga hace escasos cuatro días, pero pintando antes de blanco hasta las barras de las cortinas y colocando una cámara delante. El formato lo petó en 2015, y Atresmedia decidió contraatacar la temporada siguiente calcando dicho formato con el programa titulado ‘Dos días y una noche’. El espacio lo conduciría esta diva del periodismo contracultural que siempre presenta con casco y que lleva un ritmo de tres blanqueamientos dentales al mes; y atención, contaría con la novedad de que no solo nos regodearíamos en el morbo de ver la casa de los famosos por dentro, sino que además, ¡Susana dormiría con ellos!
(Inserten ustedes aquí el meme de Julio Iglesias “LO VAS A VER Y LO SABES”)
La gran noche de Fernando se perpetró un 18 de marzo, con una audiencia de un millón novecientos diez mil espectadores y una cuota de pantalla del once con cuatro por ciento. Deslizo el dato para que sean ustedes conscientes de lo que significa que casi dos millones de personas sean testigos a un tiempo de la erudita interviú que voy a transcribirles a ustedes a continuación. De acuerdo, no les haré esperar más; pónganse cómodas/cómodos/cómodes, y deléitense con este erudito trocito de entrevista:
F.T.: Esta botella sí la vamos a abrir, ¿no?
S.G.: Hombre, pues ya que… ¿no?... estamos aquí…
F.T.: No sé muy bien ni cómo se abre una botella de vino porque… Estoy acostumbrao a que…, a que me lo abran. La botella de vino, me refiero.
AMBOS DOS: Ja,ja,ja. Ja,ja,ja. Ja,ja,ja.
F.T.: Sí, claro; porque podía ser el pantalón, la camisa, pero no.
S.G.: Y eso qué, ¿también estamos acostumbraos? ¿Somos pasivos?
F.T.: Jo,jo,jo. No, qué va, yo soy…, activo…, en todo, casi.
Y hasta aquí puedo leer.
En efecto, la charleta es de un cuñadismo abrumador. Y no se produjo limpiando pescado, sino en la acogedora intimidad de la casa de Fernando, en un recoleto saloncito muy propicio para aventar confidencias de este tipo. Si he decidido ilustrar este speach con la foto del pescado, es por el tufo a podrido, y porque la conversación es de cola de mercado.
Y por supuesto que no, que Fernando no es pasivo. ¡Fernando es un machote! ¿Qué pensaban? ¿Quién de ustedes es pasivo? ¿Hay por ahí algún pasivo?
(Vuelvan ustedes a insertar aquí uno o dos estepicursores rodando).
Ay, de verdad, qué pereza. Pues resulta que yo sí. Resulta que yo soy pasivo (como muy generosamente tuve a bien en revelarle a mi amiga a fin de saciar a su exacerbada curiosidad). Y no tengo ningún problema en decirlo, porque tampoco tengo ningún problema con mi masculinidad auto-percibida. ¿Soy menos hombre por serlo? Pues la verdad, no lo sé, pero si alguien lo piensa, de acuerdo: Soy menos hombre, o soy más mujer, o más maricón, o yo que sé, soy lo que quieran; pero el caso es que soy pasivo.
Pero antes que pasivo, soy señor; lo suficiente señor para saber que ese tipo de preguntas, simplemente, no se hacen. Y que en caso de hacerse, quien se retrata, en todo caso, no soy yo con mi respuesta, sino el/la/le/li/ lorailo laleilo individuo o individua lo suficientemente procaz para lanzar la pregunta.
Y poniéndome procaz, se me ocurren algunas respuestas que Fernado podría haberle ofrecido a Susanna (es que ella lo escribe así, con dos enes, porque mola más) si no hubiese cometido la imprudencia de meterse él solito en semejante jardín. Tomen nota por si alguien les pregunta a ustedes y no desean mentir:
«Y tú, Susanna, ¿le practicas felaciones a tu señor esposo, o te da así como ascazo?».
«En caso de que tu respuesta, Susanna, sea afirmativa; cuando él por fin eyacula, ¿te lo tragas o lo escupes?».
«¿Dónde lo escupes? ¿Corres al aseo o sueles disponer de kleenex en tu mesilla de noche?».
En fin, que barbaridades como estas o parecidas podría haberle contestado yo a mi amiga la otra noche; porque si lo pensáis bien, la pregunta que ella me hizo a mí, es una barbaridad proporcional a las expuestas arriba. Si no lo hice fue por eso, porque antes que pasivo, soy señor; y porque soy más señor que pasivo. Así que ahora que lo sabéis no me lo volváis a preguntar. No hay ninguna necesidad de que yo me vea obligado a ser más señor de lo que ya soy, ni de que vosotros quedéis como el culo.
¿He dicho culo? Perdón. Lo que quería decir es que pueden ustedes dejar sus donativos en la caja de comentarios, aquí debajo: ↓↓↓↓↓↓↓↓↓
 


 
 

SOBRE COMPRENSIÓN LECTORA

 


SOBRE COMPRENSIÓN LECTORA
 
 


La alerta me sobreviene a raíz de una petición que alguien, cargado de filantrópica intención, le lanzó la semana pasada a Rebeca Argudo. Este fue el guante lanzado: «¿Para cuándo un artículo sobre comprensión lectora?».
Y a esa noble petición Argudo la respondió como hubiese respondido cualquier otra hada madrina de cuento —aunque seguramente no tan linda como ella—: «Sus peticiones son órdenes para mí».
Pero la realidad se ha convertido en los últimos días en un ciclo de centrifugado bastante fuerte e intenso. Quizá demasiado intenso como para ocuparnos de insignes paparruchadas como esta cosilla de la comprensión lectora. Y por favor, les pido un poquitín de paciencia, Rebeca hace lo que puede; esa chiquilla no se levanta jamás de la silla frente al ordenador. En ocasiones he llegado a preguntarme quién diantres le pone a Rebeca las lavadoras. ¿Acaso tendrá Rebeca un esforzado minino lavandero? Doesn’t matter, who cares y vamos al grano:
El caso es que mientras aguardo a que mi luminaria tenga a bien el aluzarme sobre tal particular —les ruego me disculpen la afectación, habla un hombre enamorado—, he decidido yo, por mi parte y por qué no, contarles alguna cosita sobre este temita en concreto.
Así pues les ruego silencio, abran todos sus cuadernos y escriban: COMPRENSIÓN LECTORA.
—¿En mayúsculas?
—Si, por favor; todo en mayúsculas y tildando bien la comprensión. Empecemos:
Hace ya bastantes años que el menda se gana la vida cambiando pañales en un geriátrico. «¡Oh, es un trabajo muy loable y digno de admiración!» Sí, sí, lo que ustedes quieran. Es un trabajo que nos da de comer a mí y a mi gata y a un pequeño delincuente que a veces se queda a dormir y a otras cosas y que no me acuerdo nunca de cómo demonios se llama. Digamos que es un trabajo y ya está.
Pero esto no siempre fue así, qué va, para nada. Lo cierto es que antes de eso, yo tenía un señor currazo. Vamos, la envidia de todo Madrid. Antes de currar donde ahora curro, yo curraba de librero. Y ahora que mi antiguo jefe es por fin mi antiguo jefe, se lo puedo contar a ustedes sin ningún temor a represalias: En aquel curro yo me toqué los cojones a manos llenas. Porque libros no compra ni el Tato, así que mi única ocupación en aquella caseta número veintiuno de la Cuesta de Moyano era sentarme a leer, todos los días, de diez a tres y descansando los lunes, que ahí ya leía en mi casa para no desgastarle demasiado la silla a mi jefe.
Pero quién sabe por qué caprichos del destino, de vez en cuando, muy de vez en cuando en realidad, yo tenía algún cliente. Y en aquellas ocasiones yo estaba tan poquito acostumbrado que me temblaba la voz, se me aflojaban las piernas o se me caía al suelo el cambio. Y así fue que en una de estas excepcionales ocasiones me llega una señora mayor con ‘La pasión turca’ en la mano:
—¿Te lo has leído?
—Por Amón que lo he leído. Un libraco excepcional.
—Es que no sé. ¿Y es muy porno?
—Señora mía, se trata de Antonio Gala. Me temo que con don Antonio no precisará usted de kleenex que acompañen la lectura. Si busca algo un poco más heavy tengo al señor Sade al completo; solamente son dos tomos, pero vestidos de cuero, lo que eleva el precio del producto de modo considerable…
—No, no, está bien. Si a mí lo que no me gusta es leer ordinarieces. Me lo llevo.
Y se lo llevó. Se lo llevó y regresó algunas semanas más tarde. Y le pregunté qué tal.
—¿Qué tal? Pues fatal. Sinceramente, Gala es un autor que me gusta, nos entiende muy bien a las mujeres ¿sabe? Pero con esta novela me ha decepcionado.
—¡Señora mía! Pues de verdad que lo siento. ¿Y puedo preguntarle por qué?
—Pues porque este libro justifica y alienta los malos tratos. La violencia del hombre hacia las mujeres. Es deleznable e impropio de un señor de su categoría pensar así.
—¿Un señor de mi categoría?
—¡Un señor de la categoría de don Antonio!
Quedé perplejo. Por supuesto que en cuanto regresé a mi casa corrí a buscar entre las perfumadas páginas en las que Gala supo condensar nada menos que tres ancestrales continentes. Necesitaba encontrar aquello que a esta púdica señora le había ofendido tanto. Y supongo que esto fue:
«Me despertó su voz.
—¿Qué haces aquí?
Abrió la puerta y de un empellón me metió dentro.
—¿Dónde has estado?
—En Madrid.
Me dio un revés tan grande que casi perdí el sentido. Tenía todo el derecho. Así quedaba claro, para él y para mí, que había vuelto rendida. Mi cuarto viaje a Estambul se producía bajo el acatamiento a mi dueño».
Supongo que esto fue, pero podría haber sido cualquier otro pasaje de cualquiera de los cuatro cuadernos, porque el sometimiento de Desideria a Yamam, la pérdida total de control sobre ella misma, la destructiva obsesión por diluir la propia identidad en la identidad del otro, la locura, la ceguera, la cerrazón de su amor por ese hombre es precisamente el motor que hace rodar la novela.
Quedé desolado y preguntándome en qué momento hemos olvidado para qué sirve la literatura. ¿No es triste? Bueno, para mí lo fue. Y lo viví como una tragedia en toda regla. Una tragedia modesta y cotidiana, ¿chiquitita tal vez? Una tragedia asumible, si quieren, pero una tragedia con todas las letras.
No me hagan mucho caso —estoy cerca de cumplir cuarenta años y hace ya varios que no logro hablar de corrido—, pero creo que fue Miguel A. Zapata quien ha  pergeñado recientemente este término: ‘literatura selfie’. Dios te conserve la retranca, Zapata, que nos reímos mucho contigo.
Y sí, quizá la tragedia se deba a la nueva auto-ficción. Y digo ‘la nueva’ porque, aun a riesgo de producir irritación, escoceduras o mortales erupciones, estos nuevos popes del ombliguismo y del yo, no han inventado absolutamente nada nuevo.
‘De profundis’, ‘A sangre fría’, ‘Queer’ o el ‘¡Exterminador!’ de Burroughs —cualquiera de Burroughs, en realidad—; ‘Sexus’, ‘Plexus’ y ‘Nexus’ de Miller o hasta la mismísima Barbara Cartland si me apuran. La lista podría ser infinita, para qué seguir…
Podría habérselo explicado. Podría haberle argumentado que eso precisamente es lo que hace un novelista. Meterse en la piel de otros, sentir a través de sus personajes, amarlos sin cuestionarlos y defenderlos a muerte, caiga quien caiga y le pese a quien le pese. «Gala no está haciendo apología del maltrato, señora», podría haberle contestado.
»Gala está metiéndose en la piel de una mujer enamorada de un maltratador. Está ejerciendo, por tanto, el noble precepto que es propio de su facultad de escritor: Ponerse en la piel de alguien de modo que a usted le resulte creíble, señora mía».
Pero no lo hice. Qué más da. Aunque hubiese conseguido hacérselo entender a esa señora, hay otro buen puñado de gente que seguirá sin terminar de entenderlo. Y es grave.
¿Recuerdan cuando hace algunos años todo un ejército de valquirias se le echó encima a Loquillo por la letra de ‘La mataré’? ¿Tan difícil es comprender que una cosa es el intérprete y otra cosa la canción, que una cosa es el autor y otra la obra?
No lo hice. La observé alejarse de la mano de su enfado. La imaginé doblando la esquina, después, —de esto ya hace muchos años—, encontrándose a Ferrandis de sopetón, emocionándose toda, tirándosele al cuello, estrujándole en un dramático abrazo conmovido:
«Dios, Chanquete, menos mal. No te lo vas a creer, pero… ¡Todos piensan que te has muerto!».